EL CURRULAO

El complejo cultural del currulao

El Festival de Música del Pacífico ‘Petronio Álvarez’, que comenzará el jueves 12 en Cali, es una exaltación del currulao, el ritmo predominante en esa hermosa zona de Colombia. Más que un ritmo es un sistema de vida.

Cuando en Colombia se habla de música del Pacífico, del Caribe, de los Llanos y de los Andes, en realidad no estamos se habla de música. Se refiere a las cuatro grandes regiones culturales del país, en las cuales hay diversos sistemas musicales, con múltiples variantes, en las que coexisten y se entrecruzan expresiones musicales tradicionales, populares y académicas. En cada una hay subregiones que muestran, a la vez, tanto continuidades como marcadas diferencias. Cada una de estas grandes regiones rebasa, además, las fronteras nacionales y no se delimitan sólo por características geográficas o ambientales.

En lo que al Pacífico respecta, no se restringe a las llamadas tierras bajas occidentales de Colombia y Ecuador, o Chocó biogeográfico, ni mucho menos al litoral oceánico colombiano. Abarca territorio de marismas, playas, manglares, sierras, ríos y valles interandinos, y una población en la que resultan notorias las herencias africanas e hispánicas con mezclas desiguales de elementos culturales nativo-americanos. Desde una perspectiva histórica la región del Pacífico coincide con el ámbito antiguo de la Gobernación de Popayán en el Virreinato de la Nueva Granada, la Gobernación de Esmeraldas en la Audiencia de Quito y parte del Darién que hoy pertenece a Panamá.

En esa comarca transculturada predomina un mulataje particular, con retenciones africanas, hispánicas e indígenas que dieron origen al complejo cultural del currulao. Se trata de un ceremonial colectivo en que se integran diversas expresiones y ocasión esencial del intercambio comunitario. Allí se manifiestan la música, la danza, las costumbres alimentarias, la poesía de tradición oral o escrita, la permanencia del coplerío, los trueques de bienes y artesanías, y es el momento de negocios, enamoramientos, matrimonios, celebraciones civiles y comunicación de acontecimientos sobresalientes de la vida cotidiana. El currulao integra y pone al día, por así decirlo, a pueblos que viven aislados unos de otros en el dilatado mundo del Pacífico. El bambuco es la expresión musical característica del currulao.

Originado en el sur de la región, en las provincias de Esmeraldas, San Lorenzo, Tumaco y Barbacoas, se conformó en un largo proceso de interacciones que culminaron, a finales del período colonial, en una música esencialmente rítmica, acompasada en 6/8 y sustentada en el canto responsorial. La difundieron los esclavos que iban y venían desde haciendas a minas y viceversa, y de unas localidades a otras, propagando este hallazgo artístico hasta convertirlo en la expresión musical por excelencia de viejos esmeraldeños, caucanos y chocoanos. Desde allí partió para distintas regiones de Colombia, se integró con otras expresiones culturales, especialmente durante el período de la Independencia, hasta convertirse en la primera de nuestras músicas nacionales.

Mientras viajaba se transformó. Le sucedió así incluso dentro del propio Pacífico, derivando en variaciones que no sólo adquirieron diversas denominaciones sino que llegó a considerárselas como géneros musicales diferentes. Currulaos en sus matices de pango, corona y caramba, torbellinos, jugas, bambucos viejos, caderonas, patacorés, abozaos, aguabajos, y otros más, son manifestaciones propias del universo musical del bambuco, como sucede también en el Caribe colombiano con bullerengues, fandangos, chandés, berroches, tamboras alegres y redobladas, etcétera, que pertenecen al mundo musical de la tambora. El compositor y musicólogo Guillermo Carbó ha puesto en evidencia estas relaciones para el caso del Atlántico.

Todo es currulao

El Pacífico ha sido menos afortunado. Estudiado por folclorólogos, historiadores o antropólogos sin formación musical, no han sido capaces de apreciar similitudes y diferencias, por lo que se limitan a largos listados -alguno escribe sobre 26 géneros musicales distintos, sin contar las expresiones musicales indígenas- con lo cual presentan una imagen caótica, negando la unidad cultural construida a lo largo de más de tres siglos, e incapaces de apreciar las variaciones en el ámbito de una cultura y las relaciones entre ésta y otras.

Por eso han surgido confusiones semánticas. Currulao significa encuentro comunitario, género musical, baile de pareja y un tipo de tambor que acompaña a los grupos de tambora. Lo mismo sucedió en el Caribe con la expresión tambora: es la fiesta propiamente dicha, la música y la danza que en ella se interpretan, grupo de percusión e instrumento musical. La tarea consiste en desenredar esa madeja para comprender lo esencial en una determinada cultura musical.

El complejo cultural del currulao tiene en el ritmo del bambuco a su célula musical madre. No importa cuán drásticas hayan sido las variaciones y los nombres, siempre se la puede identificar. El bambuco se hace visible en la danza, que es parte del currulao e inseparable de la música que se interpreta. Baile de pareja suelta, rito de enamoramiento, en el cual el zapateado del hombre es demostración de vitalidad, lo mismo que llamado de atención (costumbre africana, llevada a Andalucía por los moros) y adornado con floreos de pañuelo y sombrero. Lento en principio, se desarrolla en un crescendo constante y culmina con la languidez del amor consumado.

La elegancia, la sensualidad y la coquetería es rol femenino, mientras el vigor y la destreza corresponden al hombre. Aunque el tiempo se acelere, como en el abozao, allí estará la célula madre, visible en la danza de pareja suelta, en la sensualidad de la hembra y los reclamos del macho, así en esta variación se vuelva explícita la intención sexual. Algo así como la relación que hay, para seguir con los ejemplos caribeños, entre la cumbia y el mapalé.

El currulao, como expresión compleja de una cultura de la cual la música es apenas una parte, no es el único rasgo en el Pacífico. Lo acompaña el bunde, que se ocupa de la dimensión ideológica y espiritual. Procede de ‘bunda’, hispanismo antiguo que se conserva en lengua portuguesa y se refiere a rasgos anatómicos relevantes de etnias africanas, significa ritmo musical, danza y tumulto festivo integrado por multitudes con ocasión de carnavales.

Pero su ámbito propio es el de las celebraciones religiosas, los cantos de adoración, los ritos funerarios y los villancicos navideños. Su música, con célula rítmica y acento diferente al bambuco, conserva la síncopa y el canto responsorial, y se emparenta con los cantos espirituales negros de otras regiones de Colombia y América.

Así como en el complejo del currulao hay músicas que se ocupan de la espiritualidad religiosa (las jugas de adoración), en el bunde se manifiestan expresiones orientadas hacia lo festivo (por ejemplo Ki le le, un bunde chocoano referenciado en 1852 por Isaac Holton en el norte del Valle). Sin embargo, esto es producto del entrecruzamiento de los dos complejos culturales en el ámbito de la misma región, aunque lo característico es que el primero se centre en la vida profana y el segundo en la vida espiritual o religiosa. Ambos contribuyen en la compleja identidad cultural de la región Pacífico.

Cambia y queda

Pero no sólo hay comunidades tradicionales en este universo. Esmeraldas, Tumaco y Buena-ventura son puertos marítimos que se han desarrollado como ciudades modernas, en las que predomina el modo de vida urbano. Quibdó, a su vez, es hoy ciudad y puerto fluvial. Otras comunidades se encuentran en tránsito hacia la modernidad.

Los complejos culturales y las músicas se modifican. Se rompe con la tradición. Los procesos de transculturación continúan y abarcan expresiones de mundos lejanos y diversos. La música tradicional se transforma en música popular, se produce la separación entre músicos y audiencia, compositores e intérpretes, y orquestas y comunidad. Los conocimientos musicales comienzan a transmitirse por medios escritos y en el marco de estudios académicos.

Sin embargo, la fuerza de la cultura tradicional y del complejo del currulao es tal, tanto por su larga permanencia como por su vigor expresivo, que el tránsito musical a la modernidad no implica rupturas abruptas y hunde sus raíces en las músicas tradicionales. Se producen cambios progresivos que siguen perteneciendo a los mismos complejos culturales y enriquecen el universo espiritual del Pacífico. Músicos como Papá Roncón de Esmeraldas, Nano Gómez y Caballito Garcés de Tumaco, Petronio Álvarez y Peregoyo de Buenaventura, combinan instrumentos tradicionales (marimbas, cununos, bombos) con modernos (piano, contrabajo, guitarras eléctricas, saxofones), aprovechan nuevas experiencias musicales (jazz, son cubano, rock,) y se instalan en sensibilidades urbanas para elaborar obras de música popular en las que se respira la tradición y se conserva la identidad.

Nuevas generaciones de músicos académicos continúan con esta labor renovadora haciendo gala de especial espíritu investigativo y en permanente contacto con los complejos culturales tradicionales. Tal el caso de Candelario González, Octavio Panesso, Neibo de Jesús Moreno, Mario Mancuacé, Alexis Lozano y tantos más. El bambuco sigue allí, como célula madre en las músicas del currulao, lo mismo que el bunde. Mejor aún, se puede apreciar tal cual es, en toda su limpieza autóctona, por el aislamiento secular de gran cantidad de aldeas del Pacífico, tanto en Colombia como en Ecuador.

Más allá de formatos instrumentales, de distinciones absurdas entre variantes musicales del mismo conjunto cultural, o de intentos inútiles por segregar a las músicas del currulao y el bunde como ‘cosa de negros’, manteniéndolas ocultas en un andén del país, lo importante es comprender que la música del Pacífico es tradición fundamental de la propia cultura colombiana, y uno de los filones artísticos más ricos y diversificados. En realidad, un análisis extenso mostrará cómo buena parte de la música colombiana es tributaria del complejo del currulao |

Germán Patiño, Consejero de GACETA

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